sábado, 22 de diciembre de 2012

Recuperando viejos oficios: El leñador

Cuando se aclara y limpia el bosque queda abundancia de ramas cortadas,de buen calibre,que no son recogidas sin embargo por los aclaradores.Fundamentalmente porque quedan en sitios poco accesibles para llegar con el tractor.Permanecen así durante años,hasta que acaban por pudrirse.

Yo saco partido de ésta situación para proveerme de leña con la que calentar mi cueva en los frios y largos dias del invierno.

Accedo  a las laderas del bosque vecino,en las que quedan ramas dispersas y las  acarreo hasta  el borde del camino.




Aquí tenemos el resultado de  media hora de recolección:
El siguiente paso  es serrar las ramas para que tengan una longitud  adecuada para su transporte:




Hecho ésto cargamos la leña en la bicicleta y la afianzamos con pulpos.Es labor delicada ésta;una mala estiba puede ocasionar un corrimiento de carga (como en los buques) que nos haga besar el suelo mientras pedaleamos.También se ha de prevenir que al apretar no se suelte un pulpo en tensión y nos arree un pulpazo muy doloroso.






Finalmente,arribamos a la base y descargamos.Tras dos ó tres viajes ya tenemos una buena cantidad y sólo resta trocear los leños y apilarlos convenientemente.




En definitiva es una tarea dura y hasta peligrosa : además de numerosos golpes y pequeños cortes ya he sufrido la rotura de un dedo y una luxación de muñeca.Sin embargo es un ejercicio exigente y muy saludable que reduce el tejido adiposo que los años van acumulando en nuestro abdomen.

Y no hay nada comparable al calor con el que el fuego envuelve nuestro cuerpo y también conforta nuestro  alma.
No conozco manera más placentera de pasar una fría velada invernal que tomar un libro y arrellanarme en la butaca junto a la chimenea.Releer alguna aventura de Holmes ó del comisario Maigret y levantar de tanto en tanto la vista del papel para contemplar la enigmática danza de las llamas.


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